Nos conocimos hace muchos años. Los dos éramos pequeños. Tú
siempre fuiste menudito, pesabas poquísimo y al principio te tuve cierto
respeto. Habías entrado en mi vida y no te conocía de nada. Encima sabías mucho
más que yo de todo. Fuimos y aprendimos juntos en el colegio, luego en el
instituto y en la universidad.
Así, poco a poco te fuiste convirtiendo en mi mejor amigo. Ése
que te apoya en los momentos tristes y felices y con el que puedes realizar un
largo viaje en guagua, avión, tren o tranvía. A pesar de que engordaste con los
años, siempre has tenido ánimo para ir a la playa, a la piscina o al monte.
Me has dado palabras de aliento. Te has ido conmigo a la
cama. Nunca has presumido de todo lo que sabes y eso que eres “pura sabiduría”.
Me has hecho reír, llorar, sufrir…pero la vida es así. Me integraste en tu
círculo de amigos y me has proporcionado muchos ratos de diversión.
Una vez, sólo una vez me olvidé de ti. Me empecé a fijar en
otros que eran más delgados que tú. Ellos tenían más temas de conversación y no
solo uno. Luego recapacité y me di cuenta que tú eras el más importante.
No quiero que ahora te pongas celoso ante la llegada de tu
hermano pequeño. Es cierto que coqueteo con él, pero no me gusta tanto como tú.
No es tan cercano.
Querido amigo libro
quiero que sepas que siempre estarás presente en mi vida y que nunca te relegaré
a un segundo plano, por detrás de aquellos que son más delgados y tienen más
temas de conversación (los periódicos). Tampoco te abandonaré por tu hermano
pequeño. Ése que ha llegado revolucionándolo todo en formato digital.
Te escribo esta carta para felicitarte por tu fiesta.
Feliz Día Amigo libro


